Sucede que cuando uno se deja llevar, cuando uno va por una carretera acogotado por un sol de plomo fundido y levanta el pulgar y se para un coche; entonces, la suerte ha vuelto y cualquier cosa maravillosa puede ocurrir. Dejarse llevar es, probablemente, la norma más sagrada del viajar.
Ya estamos en el coche, Dani y yo, y Kahindi nos cuenta que va a una aldea de pescadores a buscar una tortuga que se ha quedado enredada. Antes, los pescadores las mataban o las vendían. Ahora, los pescadores las devuelven al Observatorio de Tortugas de Watamu porque saben que lo que hacían era ilegal y que Kahindi les dará el dinero necesario para reparar la red dañada. Es todo un experimento basado en la confianza, el conocimiento y, también, el miedo a ir a la cárcel y dejar a la familia sin el ingreso principal. El contrato entre pescadores y tortugas funciona.
Me voy de la aldea pensando que si fuera pescador en Watamu vendería en el mercado negro todas las tortugas atrapadas en mis redes -para que los blancos se dieran su festín prohibido en los hoteles de la zona-, con tal de que mis hijos no tuvieran el vientre tan hinchado o mi hija se curara de una vez esa infección en el ojo con tan mala pinta; pero es la clase de pensamiento que no me puedo permitir aquí. Es su vida y han decidido salvar a la tortuga.
Más tarde, Kahindi nos dejará a las puertas de las ruinas de Gede, una ciudad-estado de la que no hay constancia escrita, pero en la que se encontraron cerámicas Ming y vidrios de Persia. El lugar está lleno de mezquitas y nos aseguramos de que el mirhab apunta hacia el noreste, hacia la Meca.
Antes de irme de Watamu, me doy un último baño en el Índico. Eric y sus perros aparecen al final de la playa. Salgo a saludarle y me explica los dos goles de Etoo contra el Betis. Le digo que le he nombrado Lord Of Watamu y le parece exagerado.
- Eric, olvidé preguntarte qué hacías en Nigeria en los años 60.
- Trabajé en una leprosería.
La suerte se ha instalado en este día de héroes. El Lord de Watamu enfila la vuelta a casa. Verá un partido de crícket, si su mujer le deja.







2 Responses to “Dejarse llevar”
Una historia muy bonita, sí señor.
I completely agree with Bini. ; )