
Son las 7 y media de la mañana y el sol no perdona. José Carlos Rodríguez me ha citado, sin saberlo, en el bar que frecuento algunas noches. El calor barre la terraza del Bamboo Nest, desierta a estas horas. Entra por la puerta y dice: “Bueno… esto es como lo de Stanley y Livingstone: Pablo, supongo”.
Llegó ayer a Kampala, después de un accidentado viaje desde Sur Sudán. Los soldados no cobran desde hace meses y requisaron el autobús en el que viajaba, junto con todo el equipaje. Entró a pie a Uganda después de tres horas de caminata. Se ha quedado sin ropa. Nada puede con este ex padre comboniano que llegó a una misión del norte de Uganda en los ochenta. Pocos conocen como él la historia de Joseph Kony y su Ejército de Resistencia del Señor (Lord Resistance Army, LRA) que ha secuestrado, desde 1986, a cerca de 50.000 niños para convertirlos en soldados o esclavas sexuales.
A los veinte minutos de conversación, tengo en mi libreta contactos del norte de Uganda que tardaría años en conseguir y un conocimiento del país que, creo, no está en ningún libro. Si acaso en Hierba alta, unas memorias que escribió hace un tiempo y que ahora van a ser publicadas en inglés. No sé si existen los héroes, pero José Carlos Rodríguez parece uno: “llegó un momento en el que nos dimos cuenta de que teníamos que hacer algo. No podíamos seguir, simplemente, observando lo que pasaba. Llegamos a la conclusión de que lo primero que había que hacer era contar la historia al mundo”.
Y yo ya me callo y que él cuente sólo un pedazo de ella, la vez que más cerca estuvo de Joseph Kony:
A Kony no le he visto nunca personalmente. Hablé con él una vez por radio, durante una hora. Kony es un experto en control mental. Llegamos ahí, al bosque, porque nos habían llamado ellos el día anterior. Decían que iban a declarar un alto el fuego. Éramos tres. Tú imagínate la escena de que te metes con el coche por la hierba, 20 kilómetros sin ver a nadie. Vas con el alma en vilo porque te pueden pegar un tiro en cualquier momento. Dejas el coche donde te han dicho, te bajas y empiezas a andar. Te encuentras con diez niños con una cara de mala leche impresionante que te apuntan con las metralletas y te dicen que te sientes en el suelo. Empiezan a hablar con los walkie-talkies. Te tienen una hora esperando, luego te hacen señas de que les sigas. Llegas a un claro con algunos mandos del LRA rodeados por otros niños con metralletas. Uno dice: Vais a hablar con nuestro jefe. Nos acercamos a una radio y lo primero que dice Kony es:
- ¿Quién es esa gente y a qué han venido?
- Pero si nos habéis llamado vosotros.
- ¿Quién os ha mandado?¿Museveni? -en ese momento, lo ves todo muy crudo [Yoweri Museveni, presidente de Uganda, archienemigo de Kony]
- Somos mediadores.
- Ah, esperen, voy a consultar -¿Con quién?, ¿con el Espíritu Santo?, pensé.
- Escuchen muy bien lo que les voy a decir -ahí ya estás aterrorizado. Se hace un largo silencio y empiezan a oírse carcajadas al otro lado del aparato- ¡Estoy muy contento de que hayáis venido, sois mis mejores amigos, si estuviera ahí os daría un abrazo!
Cinco minutos de terror y cinco minutos de risa. Así durante una hora… una montaña rusa emocional. Si eso lo consiguió conmigo en una hora, que hará en la mente de un niño de 12 años al que ha secuestrado y, probablemente, obligado a matar a su padre.
La radio de la diócesis, a las 8.00 am
El LRA tenía todas las frecuencias de radio de la zona. A veces las utilizaba para dar órdenes. Sintonizabas la frecuencia de la diócesis a las ocho de la mañana y oías a Kony dar órdenes del tipo: Que no quede ni uno vivo, niños incluidos. Matadlos de las maneras más salvajes posibles.
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Información sobre el LRA:
La historia no contada de la última niña de Aboke
Las matanzas de Navidad del LRA en Haut Uélé (R.D. Congo)
Kony, el secuestrador de niños

4 Responses to “José Carlos Rodríguez”
[...] José Carlos Rodríguez empezó a contar historias del norte y todos caímos en el hechizo. Una cosa que le sorprendió cuando se formaron los campos de desplazados internos es que, por las noches, se asistía a otro movimiento: las personas en los límites del campo se iban a dormir al centro, más seguro en caso de ataque del LRA. [...]
[...] día que compré The Wizard of the Nile -El Mago del Nilo- acababa de conseguir el contacto de José Carlos Rodríguez gracias a Alfonso Armada y me hizo gracia ver que no estaba tan lejos del meollo, ya que la primera [...]
[...] a las órdenes del comandante Tabuley. El día que el padre Carlos contactó por radio con Kony -lo conté el otro día-, Moses estaba allí y le preguntó por su familia. Moses debía ser uno de esos adolescentes con [...]
Me encanta leer las cosas que encuentro en este sitio. Nos vemos.