Welcome to the paradise

El tiempo en el vagón restaurante del tren Nairobi-Mombasa sólo ha pasado para la vajilla y los asientos acolchados. Los camareros uniformados hacen malabares con las bandejas a cada frenazo y, mientras, los pasajeros se aprietan en mesas de a cuatro y hablan trivialidades de forma diplomática. Todo discurre en la más exquisita decadencia. La noche africana, siempre generosa con los soñadores, desfila por la ventana y uno siente estar instalado -y lo está- en una perfecta anomalía sentimental para nostálgicos con 3.000 chelines en el bolsillo.

La serpiente de hierro se lanza hacia la costa del Índico a una velocidad insultantemente lenta.

Al entrar, ya por la mañana, en los arrabales de Mombasa, las vistas de gigantescos vertederos donde un ejército de sin nombre saluda con los pies hundidos en la mierda, borran de un plumazo todo romanticismo. Esto es África, me digo, donde la felicidad y la tristeza te hacen besar la lona varias veces cada día.

Unas horas de polvo del camino, escoltas armados dentro del autobús para proteger al pasaje de unos bandidos invisibles, baobabs gigantes como dioses griegos y una pequeña lancha por los manglares son algunas postales del camino Mombasa-Malindi-Lamu.

Ya en Lamu, el sol se va y la ventana del hotel me devuelve un autorretrato que no puedo dejar escapar. De la calle sube el aroma inconfundible de los lugares pacíficos donde corros de mujeres se funden con el anochecer y los niños saltan al mar desde el muelle sin toque de queda para volver a casa.

Welcome to the paradise, me dirá un paisano cuando salga de cortarme el pelo en una callejuela de Lamu, en mi último día en la isla. No es muy común despedirse con una bienvenida, pero le perdono todo a las gentes del paraíso de las sonrisas, las langostas baratas y los paseos en dhow con capitanes filósofos.

Un lugar para curarse.

One Response to “Welcome to the paradise”

  1. La Casa Azul says:

    ¿Viajabas solo?

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