Las horas antes de entrar a Kibera son desagradables. Me pasa con muchas cosas, que antes de hacerlas, las odio. Estoy de mal humor y llega el silencio, pero luego me siento extrañamente bien. Viajar y escribir tienen algo de eso, muchas veces. ¿Qué hago yo aquí?
Así estaba yo hace dos domingos, jodido e intranquilo, con una bolsa de plástico llena de regalos para los dos hijos de Nehemiah, mi amigo/guía en Kibera. Se puede ir solo, pero con él, uno traspasa la postal del infierno.
Laura y Carlota me acompañaron. Faltaban Fernando y Juana, mis padres, que fueron los que compraron las camisetas de fútbol, las golosinas y los balones. Hubieran disfrutado de la mañana. Nunca pensé que lo de correo cobraría tanto sentido: a veces, reparto palabras que se pierden en el aire y, otras, balones a niños que están acostumbrados a chutar latas. No maten al mensajero.
Lo que ocurrió al entregar los regalos no necesita explicación, fue sencillo y auténtico. Nixon hizo un amago de comerse todas las golosinas de golpe, pero pudimos convencerle.
Una escena: caminábamos de vuelta por la vía que los habitantes de Kibera han arrancado para protestar por la toma de la isla de Migingo por parte del ejército ugandés. Los trenes de mercancías a Uganda pasan por aquí y, por lo visto, se puede ser patriota de un país que no se preocupa porque vivas en la más absoluta miseria. Caminábamos, decía, por la vía destruida. Al fondo, en un campo de fútbol, Dennis y sus amigos estaban gastando la pelota. Yo estaba parado mirando el cielo lleno de nubes y esperando a que, por fin, Dennis diera algún toque especial al balón. Lo dio y fue gol. Levantó las manos, me miró y yo levanté las manos. Todo encajaba como en alguna mala película de sobremesa, con su falsa moralina sobre el éxito y la redención. Me quedé mirando a Dennis con los brazos abiertos, sonriendo, sin banda sonora, ni aplausos. Un destello de felicidad me atravesó el pecho.







3 Responses to “Dos niños felices en Kibera”
You are doing better every time. I read this and I can feel it. It hurts my mind, it hurts my soul. Maybe in some time it will also bring some hope so soften the impression. Amazing!
Espero que tu correo en mayo sea más torrencial; más como el de marzo, permanente, regular, diario, con la sorpresa de cada novedad contemplada y fresca en el comentario.
Que tus nuevos viajes a Ruanda y Congo te aviven la mirada y las ganas de contarnos lo que nadie nos relata de los invisibles africanos….
Espero que ese destello de felicidad que te atravesó el pecho, suceda mas veces en tu vida. aunque de eso no tengo ninguna duda.
Siguie con esto! Muaka