
Empiezo a despedirme de África a los pies del Kilimanjaro, sobre este papel y esta carpeta de piel del Ol Tukai Lodge. La luna llena se filtra por entre las ramas de una acacia. Una rana diminuta da saltitos cerca de mis pies y la sabana me devuelve silencio en forma de brisa tibia.
La escritura y la vida son dos juegos deliberadamente románticos para mí, cargados de maestros a los que rendir tributo y fantasmas a los que es indispensable enfrentarse, si uno quiere seguir en pie. Mis días en África -y me refiero a la pequeñísima porción de paraíso que me ha sido regalada- han sido puro juego de palabras y momentos.
La cima del Kilimanjaro está envuelta en un amenazadora corona de nubes en este preciso instante, pero la mole de piedra de 5.895 metros sigue hipnotizando, como sólo saben las montañas, la vida de los mortales.
En estos cuatro meses, creo haber cruzado muchos límites. He llegado todo lo lejos que el miedo y las fuerzas me han permitido. He escrito con toda la sinceridad de la que soy capaz. A cambio, los comentarios y mensajes que me habéis enviado han hecho que un kilómetro o una palabra más no parecieran algo demasiado lejano.
La noche cae, generosa y cruel, sobre la llanura de Amboseli.
Puedo decir con un raro orgullo que he vivido y he sobrevivido. Esto último gracias a todas las personas del camino que me han dado un techo, un plato, una mano o una conversación a cambio de nada. Son muchas, pero todas, a estas alturas de la partida, lo saben individualmente.
Este es el lugar de todos los sueños y todas las pesadillas. Nunca conocí libertad más grande ni paisajes más bellos cuando el sol muere al atardecer de este mundo tan lleno de historias, al que odio y amo con una locura nueva.
Por alguna incomprensible razón, siento que África es el inicio y el final de todo, la pieza que completa el acertijo más antiguo. He metido el puño en un cofre abierto que guarda todo lo que el hombre es o, quizás, todo en lo que me he convertido. Mañana, cuando vuele alto y lejos en la noche africana, me despediré a mi manera de esta tierra, sin palabras ni gestos. Nadie puede decir adiós a un pedazo de sí mismo.
…
P.D.: Aunque ya me haya ido de aquí, seguiré escribiendo sobre todo lo que no he podido en estas últimas semanas. Las montañas esmeralda del norte de Congo, un trote a caballo rodeado de impalas y demás historias. Luego me iré a Nueva York y este cartero seguirá llevando cartas, que es su profesión.

14 Responses to “Carta de despedida”
Bienvenido. felices recuerdos y reencuentros, feliz viaje, que siempre continúa.
Tengo un nudo en la garganta. Vente a Madrid a vernos.
Cualquiera que haya contemplado el Amboseli, entiende tus palabras. Cualquiera que no haya tenido esa suerte, pero tenga sensibilidad vital, también. ¡Buena suerte en esa otra selva que es NY!
Pablo, qué envidia, es un viaje que tengo pendiente, África negra siempre ha estado en mi corazón. Yo emprendo un viaje menos aposionante, pero que me ayudará en el camino de encontrarme a mí misma. Suiza, es mi próximo destino. Un abrazo enorme.
Pablo, qué lindas palabras. quiro recoger más experiencias tuyas en PYC. África está tan lejos y tan cerca que quiero darle su huequecito en nuestra revistita. Tus textos, desde África o Nueva York, siempre serán bienvenidos.
hola amigo: solo puedo decirte que tus palabras me trasladan a tu sentidos, se como observas y como oyes, y eso me acerca a tus experiencias y logro ver y sentir a traves de ti, es muy dificil saber que ha pasado una gran oportunidad frente a mi, pero habran mas, gracias por tus redacciones que de alguna manera he podido ver y conocer africa mediante tu palabra y tus propios sentimientos. solo te deseo un feliz regreso y te espero aqui en la orilla norte del mediterraneo, donde todo es conocido y facil. un abrazo compañero.
¿Sería posible que soltaras menos palabrería hueca y contaras ALGO?
Gracias.
Hola!! preciosa foto y preciosas palabras de un portento de periodista… felicitarte por tu viaje, ya que has sabido en todo momento transmitirnos todo lo que has visto y vivido. Ánimo, buen viaje y esperamos verte pronto por Santander. Muchos besos. Familia Costa-Venero.
No sabes las ganas que tengo de que me lo cuentes con unas cañitas delante. Aquí te espero.
Tio, me extranya mucho que no hayas escrito nada del saco de oro que sacaste del Congo, ni de las putas de la fiesta.
Espero que me lo expliques con la proxima canya…
Sabes bien que no miento si te digo que abro tus cartas, cowboy, con una mezcla de ganas de verte y ganas de recibir noticias de tu nuevo viaje. Un abrazo, Pablo. Y permite que te diga que me alegra ver que cada vez te pareces más a lo que creia que querías ser.
Suerte.
No sé si nos traes un trozo de África en tu corazón o has perdido algo de tu corazón en África. Tal vez ambas cosas. Sospecho que ya os habéis prometido reencontraros, tan pronto como puedas, para seguir desvelándonos las, desde aquí, tinieblas de ese gran mundo africano, con tus palabras y tus imágenes.
¡Ánimo!. Que no cesen tus viajes, ni tus crónicas…
Un gustazo haberte conocido en este trocito de África. Mañana seré yo la que amanezca a los pies del Kili. Buscaré tus huellas y dejaré las mías. Mucha suerte en tu viaje de vida y nos encontraremos … quien sabe… algún día…. en algún lugar.
Un abrazo muy fuerte.
Pablito, ya te fuiste ayer de aquí. Yo me voy el martes. Ya estuviste en Amboseli, yo me voy mañana. De mayor quiero se como tú. Un abrazo y un placer haberte conocido. Ya tengo casa en NY. Te avisaré de dónde la tendrás tú el año que viene.
Gracias cartero… porque a través de tus palabras viajamos contigo a todos esos lugares que describes con sentimiento convertidos en letras…
Sigue ofreciendonos paisajes, gentes y sentimientos… por todos los caminos que recorras.
Un abrazo