Fue domingo

Anteayer fue domingo. Me hallaba en un pueblo del Pirineo catalán, de esos donde hay que esquivar a los perros que duermen sobre el asfalto de la carretera y todo huele irremediablemente a llar de foc -chimenea o, literalmente, casa de fuego- o a campo. Fue domingo y por eso leí el Domingo de El País con un día de retraso, mientras un avión cruzaba la noche joven hacia una capital que a veces me resulta tan vieja, tan reconocible y tan odiada como sólo ocurre con aquello que se quiere de verdad.

He aquí mis reflexiones sobre la lectura:

1. La portada y las siguientes ocho páginas están dedicadas al presidente/candidato de nuestro país. La idea de hacer una sombra en campaña electoral no es nueva, pero puede resultar en una buena pieza periodística si el autor le da un par de vueltas al asunto. No es éste el caso. A las habituales maneras un tanto esquizoides del tipo “el periodista distrae la espera” cuando se podría decir ya a estas alturas del siglo XXI, simplemente, “distraje la espera…”, se suma un estilo sacado con fórceps del bueno de Pablo Ordaz. Para rematar, esta frase: “Su vocación irreprimible de sintonizar con sus contrarios -contra más contrario, mejor- y el recuerdo a León”. U Ordaz ha querido iluminarnos con una aliteración con falta mortal de léxico en medio o en El País se han vuelto todos locos. Zapatero, eso sí, está tranquilo y seguro de su victoria, viene a decir el conjunto.

2. En la página 10, una fotografía llamó poderosamente mi atención:

zimbabue.JPG

Este fragmento del hecho cuenta, prácticamente, por qué es noticia: dos blancos esposados entre negros. Eso siempre será noticia, aunque los esposados sean dos “perros de la guerra”, mercenarios ingleses, exsoldados de élite al servicio de Su Majestad que se enriquecen en África protegiendo los conductos petrolíferos shooting to kill o acabando con voces incómodas o, en este caso, pillados en mitad de un complot para derrocar a uno de los peores dictadores de la actualidad, el guineano Teodoro Obiang, en un juego de espejos donde todo lo reflejado da arcadas.

zimbabue-2.JPG

Las caras, pese al susto del que sabe que muy probablemente va a morir, me recuerdan a uno de esos viajeros anglosajones tan bonachones que uno se encuentra en los lugares más recónditos tomándose un té a las cinco de la tarde o escribiendo en sus diarios en alguna terraza exótica, siempre con una sonrisa o un ladeo de cabeza preparados para el desconocido que les mira con curiosidad.

Lo peor es pensar que las dos posibilidades son compatibles y que uno ha devuelto la sonrisa o el ladeo o, incluso, ha ensayado un par de frases en inglés torpe para agradar a un tipo que arrancó uñas y disparó y violó sin piedad apenas hace una semana y que ahora está sentado en la terraza con una resaca de sangre infinita.

3. En la página 11, ya inmerso en esta deformación fotográfica, me encuentro al flamante ministro de Exteriores británico, David Miliband, en una rueda de prensa a las puertas del 10 de Downing Street. Es joven y serio, el tipo de hombre que gusta a simple vista. El columnista, Timothy Garthon Ash, filosofa acerca de la expansión de la democracia, de cuan necesaria es esta expansión y de cuanto ha hecho George W. Bush por echar mierda sobre nuestro sistema político menos odiado.

miliband.JPG

De repente, me da por observar el tan reputado corte de los trajes ingleses a medida. Él es el jefazo del Foreign Office y debería llevar el mejor corte de los que se oferten en Londres, sin embargo, su hombro derecho aparece mancillado por una especie de salto de la tela, el mismo que tiene mi traje de Emidio Tucci. Los picos de la camisa me parecen excesivamente cortos también. En descargo, he de decir, que la corbata y el nudo que la ahorca me parecen exquisitos.

Miliband acaba de estrenar blog en la página del Foreign y el otro día pronunció una conferencia en el Saint Hugh’s College de Oxford que dedicó a la disidente birmana Aung San Suu Kyi y a otros como ella menos conocidos. Es el tipo de ministro de exteriores que a uno le gustaría tener, aunque pensándolo mejor, quizás debería dedicar la conferencia a las víctimas de los compatriotas esposados en la primera fotografía.

4. John Berger -la cosa va de británicos- publica un perfil del perfil al carbón que le hizo al subcomandante Marcos en San Cristóbal de las Casas. Son ya las últimas páginas de este Domingo tan suculento. El autor no oculta su simpatía hacia el protagonista y su causa, ni esconde su identidad bajo absurdos “el dibujante” o “el visitante”.

Berger es un erudito y, más allá de las querencias ideológicas, despliega su conocimiento sobre México y el arte y la revolución y la injusticia de ese “fascismo económico conocido como neoliberalismo”, con una suavidad de estilo que está en las antípodas -y no sólo literalmente- de Ordaz. Creo que exagera cuando compara la situación de los inmigrantes mexicanos en Estados Unidos con el Gulag. Eso sólo puede decirlo alguien que no ha estado en el Gulag o alguien que quiere usar el Gulag como metáfora, lo cual me parece aberrante.

Berger habla de los murales de Diego Rivera en el Palacio Nacional de México D.F. Coincido con él en la majestuosidad de la obra:

rivera.jpg

Me gusta la mirada de Berger porque, a pesar de todo, parece limpia:

berger.JPG

5. Fue domingo, hoy es martes y a Fidel Castro sólo le quedan dos opciones para volver a ser noticia: retomar el poder en contra de su palabra o morirse.

1 Comentario

  1. Nandi el 20 February, 2008

    La imagen de los ingleses detenidos también me sorprendió en el periódico, supongo que sobre todo por la altanera mirada del gafitas, sabiéndose fotografiado. Me recuerda el gesto teatral de S. Connery en “El hombre que pudo reinar”, cuando los nativos descubren su impostura y camina flanqueado entre quienes le amenazan e insultan. Pero los otros rostros blancos son también significativos: el temor del gordito y el abatimiento del canoso (que evita a las cámaras).

    Lo de Cuba merece más análisis y lo espero, porque intuyo que conoces y has estado en Cuba…O sea, que mójate en la hipótesis del inmediato futuro, si lo hacen los tertulianos en cualquier programilla…