Italia 1986: Extranjero para siempre.

italia1.jpg

Italia, 1986. El primer viaje. La impresión que éste deja en ciertas personas es imborrable. Quiero pensar que, más bien, se trata de las cicatrices de un rito ancestral en el que uno recibe una herencia invisible que lo conecta, automáticamente, con una finísima pero indestructible línea sucesoria de chincuales.

Uno se convierte en uno de ellos y ya nunca, precisamente por serlo, se siente extranjero en ningún sitio. Esta conversión no es libre, no se es y se deja de ser chincual a conveniencia. Uno es así cuando surca el cielo en una avioneta o sube una duna del Sáhara, pero también cuando atiende a los clientes de un negocio detestable o aguanta la mirada de un desgraciado.

italia2.jpg

Por cierto, el niño de las fotos tiene la actitud prototípica del chincual que acaba de recibir su bautismo de fuego: el mundo está a sus pies.

Es extraño tener recuerdos tan precisos. La primera vez que hablé otro idioma fue a un hombre que vendía helados frente a la Torre de Pisa. Gelato di fragola e menta, dije de carrerilla según me había indicado mi padre. La ejecución de ese acto, de esas palabras extrañas que accionaban el mecanismo que devolvía un helado, me descubrieron de repente la inmensidad infinita del mundo, una inmensidad cuyos límites casi podía tocar, pero que con más viajes y más libros y más noches fueron alejándose en la línea de sombra que hay más allá del horizonte.

Desde aquel verano sofocante en el que subí un volcán, buceé en el mar durante días, escuché un tiroteo y a Franco Battiato incansablemente en el Ford Fiesta -también a Mozart, quizás a Leonard Cohen-, comí helados y pizzas, perseguí palomas y también las alimenté, vi Aida de Verdi y algún incendio en los bosques, entré en museos, iglesias y ruinas; supe que no pararía nunca.

italia3.jpg

3 Comentarios

  1. Cris el 4 March, 2008

    Estoy segura de q no traicionarás esa mirada… And everybody knows that it’s now or never

  2. J.C.C. una viajera intrepida el 5 March, 2008

    No tenia apenas 8 años y descubrí que no toda la tierra era verde , como donde yo nací,que el color amarillo y dorado de las espigas, el ocre de la tierra también eran bellos. Fue mi primer viaje con mi abuelo a una gran ciudad, Madrid, desde una pequeña capital de provincia del cantábrico. Descubrí también que los cielos podían ser azules, que el agua tenia esos mismos tonos y no verdes como en mi tierra, que en una llanura también había montañas(páramos)pero especiales a las mías, podían cabalgar los caballos como el del Cid.
    Vi que el mar, la mar, no estaba en todos los lugares pero,viajaba y viaja siempre en mi corazón ,es como mi talismán,a su lado pero con otro nombre , Mediterráneo,encontré y tengo los dos amores de mi vida. Como ves ese primer viaje también marco mi sentimiento de ciudadana del lugar en el que esté no en el que he nacido.
    Continua con tus viajes,reales o imaginarios mientras se viaja no solo se conoce al otro como igual sino que ves qué sencillo es vivir dando solo importancia a aquello que lo tenga.
    La viajera intrépida

  3. Ibá el 6 March, 2008

    El último párrafo es memorable. Quizás sólo sea superado por las tres fotografías. Italia 1986. Yo me encargo de hacerte caminar. Somos testigos mutuos, sabe usted?