Andalucía y la fascinación

11 de la mañana. Sigo en calzoncillos porque el calor es insoportable en este altillo. Granada. Afuera la ciudad permanece callada. Las fachadas blancas del Albaicín se doran al sol mientras un ejército de gorriones salta por los cipreses. Ayer por la noche puse fin a nuestro viaje sin sentido por Andalucía. Adiós a esta tierra. Las exequias tuvieron lugar en Antequera. Y el día anterior en Ronda. 11 de la mañana. Sigo en calzoncillos y trato de imaginar cómo fue aquel 7 de mayo de 1987.

Carlos Funcia lo contó así para El País:

“En la intimidad de una veintena de fotógrafos y tres cámaras de televisión fueron inhumadas ayer, en la finca Recreo de San Cayetano, propiedad del ex matador de toros Antonio Ordóñez, en Ronda, las cenizas del director de cine Orson Welles Ése era su deseo, según anunció recientemente su hija Beatrice, que hoy contrae matrimonio con el canadiense Christopher Schmidt, porque no quiere dar un contenido “triste” a este viaje a España

Tres guardias civiles, apeados de otras tantas motocicletas todo terreno, hacían de centinelas junto al arcén de la poco transitada carretera de Ronda a Campillos (Málaga), en cuyo kilómetro 6 se halla la finca Recreo de San Cayetano. Se trata de una típica casa andaluza comprada en los años 20 por el padre de Antonio Ordóñez. Allí nació este torero que, gracias a su amistad personal con Orson Welles y al cariño que dijo profesar el autor de Sed de mal por España y por Andalucía, será el guardián póstumo de sus restos. La ceremonia íntima de la inhumación tuvo como notarios a una veintena de fotógrafos y tres cámaras de televisión.

Con anterioridad, y mientras no dejaban de llegar vehículos Mercedes, un reportero gráfico de una conocida revista del corazón salía y entraba de la hacienda de los Ordóñez para dar instrucciones sobre cómo se iba a desarrollar la ceremonia: “Ellos se pondrán aquí un ratito; luego el cura rezará unas oraciones y luego meterán la arqueta en el pozo. No os mováis mucho”.

El mausoleo definitivo es un pozo ciego situado en un jardín que hace las veces de vestíbulo al aire libre, que fue regalado por el Ayuntamiento de Ronda al anfitrión, y en el que una inscripción reza: “Ronda, al maestro de maestros”, sin que se pueda establecer con precisión si el maestro en cuestión es Ordóñez o Welles.

Ellos eran Beatrice Welles, que, vestida de riguroso luto, portaba un saco azul marino, Christopher Schmidt, su novio canadiense, y el torero Ordóñez. Poco después, se sumó a ellos el alcalde de Ronda, Julián de Zulueta.

En segunda fila se hallaba Carmina Ordóñez y otros familiares y amigos que asistían a la ceremonia con gesto adusto. Beatrice, con ademán compungido, se limpiaba la nariz y las mejillas —justo donde terminaban sus gafas de sol— con pañuelos de tisú que le pasaban desde atrás.

Por fin, el sacerdote Gonzalo Huesa, amigo de Antonio Ordóñez, recitó un responso y unos salmos y declamó una pequeña plática en la que destacó la fidelidad como virtud esencial en este director de cine.

“Fue fiel a sí mismo y a sus criterios estéticos; quiso ser él mismo a través de sus personajes; fue fiel a su amistad con Antonio [Ordóñez] y sus amigos”. Y, por último, “si juntamos su amor a su profesión y a sus amigos, hay que decir que en este hombre está Dios”. A las 10.40, tras las exequias, el torero y la hija de Orson Welles y de la actriz Paola Mori liberaron del saco azul una pequeña arqueta de madera, la besaron y la depositaron en el fondo del pozo.”

11 y 5 de la mañana. Hace un par de días paseaba por el pasaje Orson Welles en el centro de Ronda y miraba a las profundidades del barranco que cruza la ciudad. La sierra plagada de bandoleros muertos. Apoyado en la barandilla del fabuloso puente de Ronda fantaseaba con las imágenes del pasado y creía ver en el horizonte la silueta amenazante de Pasos Largos, el príncipe de los bandoleros. Un hombre de rostro grave mira junto a mí. Viste una gabardina negra y su piel es pálida como una vela vacía. Es extranjero. Se llama Rainer María Rilke(1) y se aloja en el hotel Reina Victoria. Mañana será el último día de este desastroso 1912. Rilke tiene en sus manos un medallón con una fotografía en blanco y negro. Es la cara de una mujer que sonríe. Ella se llama Lou Andreas Salomé y es una rompecorazones del mundillo intelectual. Rilke suspira con la vista perdida en la serranía. La quiere tanto… La salud de Rilke es bastante endeble y su fortaleza emocional no es mucho mayor. En este frío diciembre de 1912 la gente se apura por las calles de Ronda, la ciudad soñada, huyendo de un viento que bate las esquinas. Por las calles más estrechas se agolpan los hombres que vuelven del campo y en el puente sólo estamos nosotros dos. Yo miro los campos pelados y pienso en el poeta del pasado que miraba un medallón. Hace frío. Rilke se guarda las manos en los bolsillos y echa a andar hacia la plaza de toros, el cuadrilátero más antiguo de España y fuente de inspiración de la tauromaquia de Goya. Le veo alejarse con la cabeza gacha. Sigo mirando al caballo de Pasos Largos, que relincha y se encabrita sobre el crepúsculo.

De vuelta al presente pienso en la fascinación que Andalucía es capaz de provocar. Son las 11 y 13 minutos. Sigo en calzoncillos pero ahora he doblado las piernas para no pisar el suelo. Rilke pasó varios meses en Ronda, atrapado por el halo romántico que cubría las tierras andaluzas a principios de siglo. Por entonces todos los espíritus románticos soñaban con estas tierras. Washington Irving la gozaba en cada esquina y tenía la Alhambra por residencia. Prospero Merimée paseaba por el barrio de Santa Cruz de Sevilla pensando en una mujer llamada Carmen, en una mujer que sería todas las mujeres y toda las pasiones de esta tierra andaluza tan salvaje. Y así uno tras otro. Viajeros de rostro grave, con la piel pálida y un medallón roto.

Pero no sólo fueron ellos, hubo otros escritores fascinados por Andalucía. Muchos más. Yo sólo voy a dar cuenta de los que me he ido encontrando en este viaje. Vi a Rilke sobre el puente de Ronda, vi a Gerald Brenan cerca de Yegen. También vi a Rafael Alberti, erguido en bronce, en una glorieta del Puerto de Santa María. Y estuve en el aula de Baeza donde Antonio Machado daba clases de francés. Campos de Úbeda y Baeza… Estuve con Irving hasta altas horas de la madrugada, hablando de las leyendas moras de la Alhambra. Sí, estuve con todos ellos. Estuvimos juntos durante un mes recorriendo las fascinantes tierras de Andalucía. Ha sido un viaje extraño y fascinante. Son las 11 y 33 minutos. Me siento un poco triste al despedirme de esta tierra. Ahora más que nunca necesito un medallón.    

(1): Rilke sobre Ronda: “No hay cosa más inesperada en el mundo que esta ciudad española, salvaje y montañera (…). Un conjunto escarpado y tenaz soportando una ciudad muy blanca coronada de algunas iglesias rojizas de robusta fábrica. Todo parece apiñado, elevado en el aire transparente y expuesto ante el juicio perpetuo de un vasto círculo de montañas”

Sueños Liberales

Mi primer sueño liberal transcurre en un edificio de California. Se parece mucho al bloque de apartamentos en el que vive Daniel Larusso, recién llegado de Nueva Jersey. Las paredes son blancas y por toda puerta hay una gran ventana corredera. Deben ser las 7 de la tarde, comienza a oscurecer cuando me dispongo a salir de mi apartamento. Y entonces, zas. Un golpe en la cabeza con una llave inglesa. Me retuerzo en el suelo entre un charco de sangre y con las dos manos intento detener la hemorragia. Pero entonces, zas. Dos chicos jóvenes me llevan hasta una silla y me atan de pies y manos. Pasean a mi alrededor. De vez en cuando me sueltan un golpe con la llave inglesa. Duele. Es todo muy desconcertante. Por fin uno de los chicos se detiene y me pregunta:

- Estuviste ayer en el mitin de Pizarro, verdad?

El desconcierto es mayor. No, no, esto es una equivocación, si yo ni siquiera voto al PP. Yo soy de izquierdas y ese señor me da repelús. Un momento… comienzo a comprender. Ayer pasé por la plaza del pueblo y sí que es verdad que estaba el señor Pizarro dando un mítin. Pero no escuché ni una palabra, lo juro, lo siento… Y un golpe detrás de la oreja. Corre la sangre y comienzo a cabrearme. Pero un momento, y si estuve allí, qué? qué pasa si me pone Pizarro y la escenografía gaviotera? Sí, yo estuve en ese mítin y seguiré yendo a la plaza con la corbata azul. Más golpes, duele, sangre, los vecinos miran desde el otro lado de la puerta-ventana corredera y dicen, joer, que tío más guay. Los dos jóvenes se despiden:

- No te atrevas a repetirlo.

Se van y entran los vecinos. Pido un móvil. Voy a denunciar la agresión. Los vecinos me miran con cara de corderos degollables. No, no lo hagas, además tú no eres del PP, por qué te vas a mojar… Me despierto convertido en héroe.

El segundo sueño liberal transcurre en una ikastola. El maestro le dice a los niños:

- Enseñadle a este buen catalán lo buenos patriotas que sois!

Un niño de la primera fila se pone en pie y me suelta un largo discurso sobre la historia vasca. Aprovecho la charla para reflexionar sobre cómo he llegado hasta aquí. ¿Y desde cuándo entiendo el euskera?

Acaba el discurso con una salva de aplausos y enseguida otro niño, cara cuadrada y aro en la oreja, se pone a cortar un árbol como si estuviese poseído por el espíritu de Sabino Arana. Todos aplauden el espectáculo y el buen catalán anima al chaval. El tercer niño duda antes de levantarse. Los demás le miran con recelo. Cuando habla se hace un silencio total:

- Yo… es que también me siento un poco español…

El profesor se lleva la mano a la boca y dice entre los dedos: pero es que estás loco, muchacho? Señala a la puerta, como dando a entender que detrás de ella se encuentra alguien escuchando. Da una señal a un niño del fondo que se sienta a un piano y comienza a tocar Els Segadors. El resto de niños se pone de pie y canta el himno en mi honor. El profesor, mientras tanto, se acerca al niño rebelde y le retuerce la oreja. No lo puedo soportar más. Me levanto y empujo al profesor, que cual personaje de Kafka, se lleva de nuevo las manos a la boca y desaparece debajo de la mesa, muerto de miedo. Pongo una mano sobre el hombro del niño-RosaDíez y le digo: no te preocupes, yo también me siento un poco español. Los niños me miran y susurran: joer, qué tío tan traidor. Me despierto convertido en un villano.

Dos sueños liberales con distinto despertar. Será este maldito calor…

Sumgait

Ahora que se ha abierto la veda de la caza del inmigrante me acuerdo de Sumgait. En Sudáfrica queman vivos a los zimbabuenses del barrio de Alexandra, en Johannesburgo. Y en Nápoles se conforman con incendiar chabolas porque pertenecen a la Europa desarrollada. Son matices de la civilización.

En Sumgait preferían el linchamiento. El 27 de febrero de 1988 un centenar de armenios fueron asesinados en esta próspera ciudad de Azerbaiján. Hasta el día anterior todos eran tan amigos, compañeros y vecinos a 18 kilómetros de Bakú. Pero claro, la convivencia no podía durar ni un segundo más.

Armenia (parte de la Unión Soviética, como también lo era Azerbaiján) reclamaba la región fronteriza de Nagorno-Karabaj y aquello era intolerable. Medios de comunicación y políticos de ambos bandos se encargaron de echar gasolina al fuego y el pueblo, estúpido como siempre, se agarró una erección patriotera.

El padre de Alim, que por entonces vivía en Sumgait, se olía lo peor. Un día le pegaban una paliza a un joven armenio, el otro violaban a una chica y así en un crescendo tan vomitivo como el que hoy ocurre en el sur de Italia o en las megalópolis sudafricanas.

Y el 27 de febrero estalló. La turba azerí se desplegó por la ciudad en busca de las casas armenias. Los vecinos eran obligados a confesar dónde vivía un armenio, cuando no delataban por propia voluntad. Esta era la parte más difícil del Pogrom. Lo que venía a continuación era más sencillo. Se trataba de matar, eso que el hombre sabe hacer sin necesidad de entrenamiento. Lo tenemos en la sangre.

El padre de Alim era campeón nacional de judo y por ello respetado en su comunidad. Cuando la turba llegó a su bloque de viviendas tuvo el valor de salir a recibirles a la puerta. El padre de Alim no era armenio, ojo, era un buen ruso de Moscú. Y también era un buen hombre. Afirmó que todos los vecinos armenios habían huido e impidió que ningún descerebrado entrara en la vivienda. Mientras tanto, decenas de armenios, vecinos de otras casas, familias enteras temblaban en el salón del padre de Alim.

La turba tardó en creerle y de hecho creo que nunca se lo tragó. Lo que salvó a aquellos armenios fue un niño de 6 ó 7 años. Venía huyendo de otra turba azerí, monstruo de mil cabezas, y pasó entre el padre de Alim y los quemabrujas de Salem. El padre de Alim siempre se arrepintió de aquel momento, porque no reaccionó a tiempo para coger a aquel niño y meterlo en la casa. La turba fue más rápida. Y el niño murió apaleado ante los ojos del padre de Alim.

Los compañeros de trabajo del padre de Alim eran armenios. La mayoría sobrevivieron al linchamiento, pero enseguida se fueron de Sumgait. Pero hubo dos hermanos que no lo pudieron contar. Se encerraron en su casa con toda la familia. Eran fuertes y durante horas repelieron a los hombres que trataban de entrar por las puertas y las ventanas. Pero al final del día, varios locos consiguieron derribar la pared desde el piso de al lado e invadieron la vivienda. Murieron todos en cuestión de minutos.

Tuvo que entrar el ejército ruso el día después para que los azerís se calmaran, bueno, no es eso, no es que se calmaran, es que se rajaron y se escondieron como ratas. Como las ratas napolitanas controladas por la Camorra y como las ratas sudafricanas. Y como las ratas armenias que asesinaron a cientos de inmigrantes azerís por las mismas fechas en Armenia. Y como todas las ratas que poblamos este mundo asqueroso.

Cosas que hacer en Granada antes de un viaje

Comienzo a desesperarme. 30 grados a las cinco y media de la tarde. Eso está bien. Pero no consigo relajarme. Dentro de dos semanas dejo mi casa y mi ciudad, vuelvo al camino. Y hay tanto por hacer…

Primero acabar el trabajo. Llevo demasiado tiempo escribiendo un borrador y me niego a cruzar la frontera sin dejarlo acabado. Ya puse la palabra FIN pero hay tanto que reescribir…

Segundo, conseguir los visados. Nunca pensé que me toparía con la maquinaria burocrática del antiguo gigante comunista. Intento tramitar la visa para Rusia con una agencia especializada, pero ahora no me cogen el teléfono ni me resuelven las dudas. Peor están las cosas en Uzbekistán, y no es por Kadimov ni Andijan. No hay embajada en España y alguien trata de ayudarme a contactar con la embajada uzbeka en París. Desde hace dos días no se nada de él.

Tercero, recoger las cosas. ¿Cómo voy a llevar tantos libros y tantas cajas hasta Barcelona? Si alguien pasa por Granada con destino a Europa, no dude en escribirme.

Cuarto, despedirme y hacer cosas por última vez. Mañana voy a la Alhambra y parece que los 30 grados desaparecerán y en su lugar vendrá el cielo cubierto de nubes grises. Pasear por el Albaicín, tomar vino en el Ladrillo, emborracharme en la Hormiga, subir al Sacromonte, ver la puesta de sol desde Los Faroles, quedar con todo el mundo.

Quinto, tomar conciencia de lo que está por venir. De nuevo el camino. En estas vísperas siempre me pongo nervioso…

Las puertas del Amazonas

El gobierno brasileño ha decidido ponerle puertas al Amazonas. La imagen no es mía, sino de un lúcido redactor de El País. Pero me gusta y me la quedo.

Resulta que Lula y compañía han puesto en marcha la maquinaria legal para limitar el acceso al interior de la selva amazónica. Ojo, esto no significa que el ingreso esté prohibido. No, no es eso, sólo se trata de informar a las autoridades del motivo del viaje, la duración de la estancia y los lugares a visitar. Un boicoteo a la libertad, sin ninguna duda. Pero quizás un boicoteo necesario. ¿Es ésta una buena noticia?

1.- Sí, sí que lo es: El gobierno de Brasil dice que es necesario impermeabilizar las fronteras invisibles de la selva para proteger las riquezas nacionales. Les preocupa mucho el contrabando biológico, es decir, el robo indiscriminado de plantas tropicales que sólo crecen en el Amazonas. Estas plantas son utilizadas en la industria medicinal y suponen una de las opciones de desarrollo económico para el país de Lula. No sólo eso. En el interior del Amazonas hay grandes reservas de gas y petróleo que actualmente son difíciles de preservar por la falta de controles. Por no hablar de la madera y el agua. Se supone que con esta medida, Brasil ampliará su control sobre los usos indebidos de los recursos de la selva. Si alguien tiene que sacar partido de ellos es el estado y, por tanto, el pueblo entero. En su reciente visita a Estados Unidos el ministro de educación brasileño respondió a las preguntas de varios periodistas. Uno de ellos le pidió su opinión sobre la internacionalización del Amazonas, ya saben, es el pulmón del mundo y patrimonio de la humanidad. Que la ONU se haga cargo de él para que a nosotros no nos falte el aire. Ante semejante demostración de cinismo, el ministro respondió que el Amazonas será universal cuando también lo sean los yacimientos petrolíferos.

Sí, es una buena noticia que cierren las puertas del Amazonas. Que el pueblo brasileño gestione sus propias riquezas y las utilice para salir de la pobreza. Así además se reforzarán los controles y disminuirá el expolio amazónico.

2.- No, cómo va a ser una buena noticia: El problema es que el pueblo brasileño está gobernado por una clase política demasiado corrupta. Los intereses creados alrededor de la extracción ilegal de madera, por ejemplo, son dinosáuricos y superan con creces la buena voluntad de un puñado de legisladores. Si se cierra el paso a oenegés y observadores, apenas habrá control sobre lo que ocurre en la Amazonía. Los planes de gobierno ya son suficientemente destructivos (construcción de carreteras, tala legal de madera, plantaciones de soja), siempre nadando entre el desarrollo económico, los biocombustibles y la preservación. Si además añadimos la corrupción y los intereses creados…

Hace dos días asesinaron en Tucuruí (Pará) a Emival Barbosa Machado, un agricultor de 50 años. Había denunciado que en su municipio se comercializaba con madera extraída de forma ilegal y que los “pistoleros” tenían amenazada a toda la comunidad. También denunció antes de ser tiroteado que el IBAMA (Instituto Brasileño del Medio Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables) estaba metido en el ajo. Las empresas madereras compran madera ilegal y la venden como legal. Con la aprobación del IBAMA y el apoyo de un ejército de bandoleros que mata sin pensarlo dos veces. La historia de siempre.

Emival es sólo uno de los 800 agricultores que han muerto en el estado de Pará en los últimos 36 años. Muchos otros han muerto en el resto de estados amazónicos a manos de los mismos “pistoleros”. La víctima más ilustre, sin duda, fue Chico Mendes, dirigente sindical y activista medioambiental que fue abatido en 1988 en el estado de Acre. Mendes defendía un control transparente de la actividad en la selva para evitar la deforestación masiva.

No, no puede ser una buena noticia. Si se cierran las puertas nadie podrá controlar lo que ocurre en una zona tan enorme (de 5 a 7 millones de kilómetros cuadrados) La tala ilegal irá en aumento, la violencia no cesará y el gobierno podrá dedicarse a sus proyectos sin soportar la presión de oenegés y otros organismos.

 

¿Y entonces? ¿Esta nueva ley es una buena o una mala noticia?  Yo no sé que pensar…  

Josef Koudelka

El Babelia de ayer me dejó al borde del empacho. Mayo del 68 por aquí, mayo del 68 por todos lados. Ramoneda se hincha el pecho con la gran revolución de los intelectuales, de los pequeños burgueses saturados de spleen. Y así sigue el resto de autores página tras página. Justo antes del vómito Antonio Muñoz Molina me ayuda con la digestión: la verdadera revolución del 68 no se dio en París: “Era en Memphis y en Praga donde estaba la revolución, no en París”.

En abril de ese mismo año habían asesinado en la ciudad de Elvis a Martin Luther King. Había viajado hasta allí para apoyar una huelga de los trabajadores municipales de limpieza. En Praga, desde enero y hasta agosto del mismo año, los ciudadanos se empeñaban en construir “un socialismo con rostro humano”. Los tanques soviéticos les sacaron de su error. No, la revolución no ocurría en París.

Un artículo de Ignacio Vidal Folch en el mismo Babelia habla de la primavera de Praga, “una primavera que sobrevivió ocho meses”. Y tres fotografías ilustran la página. Su autor es Josef Koudelka, una leyenda viva de la fotografía.

Koudelka nació en Moravia en 1938. En su juventud combinó la fotografía con su trabajo de ingeniero, pero en 1967 abandona las matemáticas y dedica todo su tiempo al reporterismo gráfico. Sus primeros trabajos reflejan el mundo del teatro y el arte de la puesta en escena. Pero pronto son sus fotografías sobre los gitanos checos los que adquieren relevancia. En las fotos de Koudelka se dibuja el alma de un pueblo sin tierra, de un pueblo extranjero.

En 1970 obtiene un visado de tres meses para proseguir su documentación del pueblo gitano fuera de las fronteras checas. Y tres meses después de cruzar la frontera el hombre que fotografía a extranjeros decide no volver a casa, se convierte en uno de ellos, en un extranjero con la cámara colgada al hombro. Durante 10 años su archivo y su fama se van consolidando y durante 10 años Koudelka no tiene patria, o quizás sí, pero otro tipo de patria. Su hogar en esos diez años es la agencia Magnum, en la que es introducido en 1971 gracias a Elliott Erwitt.

En cierta ocasión un gitano yugoslavo le pregunta: “Señor Koudelka, usted que ha viajado tanto y ha conocido tantos lugares, podría decirme cuál es el mejor lugar, en qué lugar le gustaría morir?” Koudelka no responde y sigue haciendo fotografías. El gitano insiste y Koudelka insiste en su silencio. Finalmente el gitano yugoslavo le dice al fotógrafo apátrida: “Ya comprendo, todavía no ha encontrado ése lugar, usted viaja en busca de ése lugar”. Entonces Koudelka levanta la vista y responde: “Te equivocas amigo, trato desesperadamente de no encontrar ese lugar”.

En 1980 el fotógrafo apátrida, el extranjero errante, recibe la nacionalidad inglesa y un pasaporte. Pero su errancia no ha acabado. A su estudio sobre el universo gitano le sucede un gran proyecto llamado “Exilios”, en el que Koudelka trasciende las estrecheces temáticas y abunda en la reflexión sobre la condición humana.

Recuerdo sus fotografías en blanco y negro, la composición monumental, el paisaje creado por el hombre. Conocí a Koudelka gracias a otro extranjero potencial que también se llama Pablo (parece ser un nombre que se aviene al movimiento) Pablo es fotógrafo y admira a Koudelka. Acaba de llegar de un viaje fascinante en busca de imágenes. La gente le pregunta cuál es el mejor lugar de los que ha conocido. La respuesta de Pablo es nuestra respuesta.

Cuando salgas en el viaje hacia Itaca

desea que el camino sea largo,

pleno de aventuras, pleno de conocimientos.

Constantin Kavafis

P.D: Podéis ver algunas fotos de Koudelka en esta página.

De líderes a imitar

Una encuesta de la Universidad de Maryland afirma que Hassan Nasrallah es el líder más admirado en el mundo árabe. Vale, ¿pero por qué? La Universidad de Maryland no añade explicaciones y pasa a otros resultados de impacto, como que sólo el 6% de los árabes cree que Estados Unidos arreglará el estropicio iraquí y que el 80% de los mismos tiene una imagen desfavorable de Estados Unidos. ¿Pero quién es Nasrallah?

No voy a intentar en este blog responder a ninguna de las dos preguntas que ya he formulado. Me conformo con ofrecer un par de datos. Por un lado Nasrallah es un tipo de 48 años, barbicano, fundamentalista chií, antisemita, líder de Hizbullah, dueño de una horrible colección de gafas y padre de un mártir de la revolución. Por el otro es un estratega lúcido, no es un suicida ni mucho menos, tampoco se le asocia con casos de corrupción, se preocupa de su pueblo y no agacha la cabeza ante Israel.

Es, por tanto, un tipo contradictorio al que le gusta alzar el dedo índice en señal de amenaza. Sin ser árabe, ya apetece admirar a semejante líder, un tío que en lugar de másters ha estudiado en las escuelas coránicas más respetadas del circuito chií, sobre todo en Irán, donde fue alumno de Khomeini y del padre de Muktada al-Sadr. Dando por sentada la inutilidad de cualquier estudio teológico, se le presupone a Nasrallah una larga experiencia meditativa.

Así que en tantos años de formación el líder más admirado del mundo árabe tiene que haber aprendido algo. Por lo menos a navegar en las turbulentas aguas diplomáticas. Hizbullah no es reconocido como organización terrorista por la Unión Europea y a pesar de sus vicios religiosos siempre ha sabido presentarse como una fuerza más nacionalista que sectárea. Punto para Nasrallah. Es como Hamas, pero sin suicidas ni encapuchados.

Pero Hizbullah tiene más cosas buenas. Es también un partido político, el Partido de Dios para ser más concretos, y debido a la incapacidad de los diferentes gobiernos libaneses se ha visto forzado a sustituir al Estado en la vida diaria. De Hizbullah dependen las siguientes redes asistenciales: al-Yarih (dedicada a los heridos), al-Ambad (para las personas dependientes), Yihad al-bina (restauración de viviendas, electrificación), al-Mahdi (escuelas) y al-Manar (poderoso canal televisivo)

Así que si eres chií en Líbano tienes dos particularidades: perteneces a la comunidad más pobre del Mediterráneo y además puedes acogerte a los servicios de Hizbullah, red social, partido político y brazo armado que en 2006 libró su última guerra con Israel, una guerra extraña que a ojos del encuestado árabe ganó Hizbullah. Y si eres árabe, musulmán, pobre e inculto, no importa si chií o no, tienes un modelo del que sentirte orgulloso y al que querer imitar.

Sin pretensiones, ya sabemos quién es Nasrallah. Y si ahora comparásemos su perfil con el del resto de líderes árabes, no haría falta escribir más para saber por qué él es el más admirado entre los 4.000 entrevistados de Arabia Saudí, Egipto, Marruecos, Jordania, Líbano y Emiratos Árabes. Según la universidad de Maryland, claro.

P.D: La siguiente noticia del diario Haaretz tenía el siguiente titular: “Netanyahu afirma que los ataques terroristas del 9/11 beneficiaron a Israel”. Cualquier día se nos caen a todos las caretas…

El sueño de Luther King

El 22 de noviembre de 1963, a las 12:30, mientras realizaba una visita de estado en Dallas (Texas), el presidente de los Estados Unidos John Fitzgerald Kennedy fue tiroteado desde una ventana. La policía detuvo a Lee Harvey Oswald, quien negó desde el principio su implicación en el asesinato. Dos días después, antes de que pudiera ser juzgado, un mafioso de pacotilla le disparó a bocajarro y le hizo callar para siempre.

El 14 de febrero de 1965 la casa de Malcom X fue bombardeada, pero el incidente acabó sin víctimas ni detenidos. Una semana más tarde, el 21 de febrero, un hombre interrumpió el discurso de Malcom en la sala Audubon de Manhattan y otro aprovechó el desconcierto para disparar en el pecho del orador.

El 1 de junio de 1968, un supuesto activista palestino disparó a bocajarro a Robert Francis Kennedy, hermano de JFK, por su supuesto apoyo a Israel. Bobby se encontraba en plena campaña para convertirse en el candidato demócrata a la presidencia. Murió cinco días después del tiroteo en el Hotel Ambassador de Los Ángeles.

El 4 de abril de ese mismo año el reverendo Martin Luther King fue asesinado en el balcón del Lorraine Motel en Memphis. Como en todos los casos anteriores, se supo quien disparó el arma homicida. Pero también como en los casos anteriores, jamás logró dilucidarse quien ordenó los asesinatos.

Marlan, afroamericano residente en España, no consigue ilusionarse con Barack Obama. Cree que cuando llegue al poder, si es que llega, se encontrará con las manos atadas. Y si decide hacer tonterías, alguien acabará con él.

Han pasado 40 años desde la muerte de Luther King pero no han cambiado muchas cosas. El terror político del quinquenio 63-68, con la guerra de Vietnam y la conquista de derechos civiles como telón de fondo, ha dejado una huella indeleble en la mentalidad afroamericana. Las cosas cambian despacio, las cosas que de verdad importan nunca van a cambiar. Los negros, ese 13% de la población de Estados Unidos, siguen acaparando las estadísticas en número de presos, en número de pobres, en niños muertos al nacer, en fracaso escolar, en falta de vivienda, en rupturas de parejas, en hábitos insanos, en expectativas de vida y en confianza en el futuro. Un 22% de los negros vive por debajo del umbral de la pobreza, por un 11% de blancos. Las mujeres negras tienen cuatro veces más posibilidades de morir de parto que las mujeres blancas y 24 veces más de infectarse con el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) El 40% de los condenados a muerte son afroamericanos.

Hoy todos los diarios, todas las televisiones, repiten que el sueño de Luther King puede cumplirse 40 años después de su muerte. Marlan menea la cabeza. No se siente orgulloso de su país, al que considera hipócrita y racista. Hace pocos días el pastor Jeremiah Wright, mentor de Obama, recordó que “este país se fundó y está dirigido según un principio racista” e ironizó que los negros estadounidenses deberían gritar “Dios maldiga a Estados Unidos”. Ante el temporal que se le venía encima, Obama optó por torear. Eludió la cuestión de la raza y filosofó sobre la ira.

Para que se cumpla el sueño de Luther King el país entero debiera enfrentarse al racismo que siempre le ha acompañado y que todavía le acompaña, encarar esta realidad y poner medios para subsanarla. Marlan me pregunta cuántos escritores afroamericanos conozco, cuántos científicos, cuántos premios Nobel, cuántas eminencias.

Tras la muerte de Luther King se sucedieron los disturbios en distintas ciudades del país. En la estela de sus discursos, bajo la sombra de su figura, el sueño aún se podía atisbar. En Boston (Massachusetts) James Brown dio un concierto que, simbólicamente, contribuyó a escribir la historia venidera (http://music.guardian.co.uk/urban/story/0,,2256202,00.html#article_continue) Para entonces ya era una de las mayores figuras afroamericanas y empujado por el alcalde de la ciudad, Brown utilizó aquel concierto para calmar las iras y propagar su funk-sensual-inofensivo como catalizador de las energías negras de América.

Desde entonces tienen la televisión y la NBA, el hip hop de la MTV, las comedias chorras y la comida rápida. El capitalismo negro, el analfabetismo, el modelo James Brown triunfó sobre el resto de modelos. Will Smith y su tío Phil, sí hermano, los negros tamién podéis ser ricos. Igualdad nominal de derechos, abismal diferencia de oportunidades.

Marlan lo tiene claro: Estados Unidos es un país racista. Barack Obama no podrá cambiar nada. Y el sueño de Luther King difícilmente se cumplirá. Descanse en paz.  

Sandokan

Y con la sombra de Hans Peter Richter todavía bajo los pies, subí al barco fantasma:

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¿Quién estaba esperando tres neveras? En algún punto de la frontera entre Bolivia y Brasil, alguien esperaba que llegaran tres neveras. O una. O dos. Nadie dijo que fueran para la misma persona. El caso es que aquellos tres gigantes níveos navegaban con nosotros, a la cabeza de la primera chalupa, resistiendo los envites de los mosquitos nocturnos y las escasas gotas con las que el río bautizaba nuestro lento avanzar.

Fuera quién fuese, la persona que esperaba las tres neveras sabía que iba a tener que esperar. Desde el momento de la compra hasta que llegaran a su nuevo propietario, las neveras tenían que sufrir un periplo de no menos de un mes. Formalizada la compra, comprobado el pago, o el anticipo, o la buena voluntad, eso dependía ya del vendedor, alguien transportaba las tres neveras hasta el puerto y luego los marineros las cargaban sobre alguna chalupa. Allí pasaban algunos días, objetos de la indiferencia colectiva, hasta que el capitán recibía la orden de su patrón y anunciaba que en breve zarparían. Y en breve, en apenas tres o cuatro días, el barquito, rodeado de chalupas encadenadas, se ponía en movimiento. Las tres neveras sentían la tierra corriendo bajo su planta cuadrada y de repente una suspensión. Y de repente la levitación que sienten las neveras cuando por vez primera salen a navegar a la cabeza de una chalupa de madera.

Luego pasaban los días. Poco a poco. Con la quietud y el aburrimiento de un trayecto repetido cientos de veces por los hombres y las chalupas. Sólo la carga era nueva en la puesta en escena. Tres familias acompañaban a las tres neveras. Dos muy numerosas, compuestas por un regimiento de tejas y por columnas de refrescos embotellados. Otra exigua, cubierta por un manto de nylon azul que asemejaba un mar de plástico. Un verdadero misterio para los ojos de las neveras, si es que tuvieran, al que todos tenían prohibido acercarse. Y así recorrían el río. Acercándose a un puerto sin historia al que alguien vendría a buscar las tres neveras para llevárselas al interior de la selva.

El destino de aquellas tres neveras superaba en mucho al mío. En aquel momento, encerrado entre dos murallas interminables de árboles y vegetación espesa, el porvenir de las tres neveras me parecía enteramente completo, perfecto, sin ninguna fisura. Un porvenir que había nacido en alguna factoría oriental y que había madurado en otros barcos, un alma de marinero que se había pegado a la piel de las neveras en las costas de Japón, de Sumatra, de la insondable China, en las inmensas soledades del océano, en las noches sin estrellas y sin música y sin mujeres y sin palabras.

El destino de las neveras, que habían cruzado el mundo con el único objeto de cruzar ahora aquel río y llegar al hombre que desde hacía semanas estaba esperándolas. Una perfección que en mí sería imposible reconocer. Una seguridad hermética que compartían las tejas y las sodas recalentadas. Y también los misterios que abrigaba el mar de nylon gastado. Y los marineros de aquel barco llamado Sandokán que desde hacía ocho días surcaba la espalda del río Mamoré en busca del puerto de Guayaramerín.

Casas Viejas

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11 de enero de 1933. Los campesinos se mueren de hambre y no pueden trabajar. Llevan semanas reuniéndose en las noches y buscan una solución. Ha de ser algo grande. A grandes males, grandes remedios. Son un puñado de hombres en un pueblo anónimo de Andalucía. Alguien ha hablado de anarquismo, revolución libertaria. Y los hombres, apartados del campo, levantan el puño y se echan al monte.

11 de enero de 1933. Los hombres de Casas Viejas toman el cuartel y el ayuntamiento al asalto, hacen ondear la bandera anarquista en el plaza del pueblo, queman los registros de la propiedad, cantan e intentan convencer a los Guardias Civiles para que se unan a su causa. Las mujeres tienen miedo y se esconden en casa. Se oyen tiros en el pueblo, las escopetas van y vienen.

11 de enero de 1933. Los campesinos de Casas Viejas contaban con una huelga general promovida por la FAI en toda España, pero la huelga fracasa. Desde Jerez llega la Guardia de Asalto para sofocar el único brote sublevado en el país. Las órdenes son claras: que no quede ninguno vivo. Los campesinos se dispersan, caen los primero hombres. Y entre los que todavía viven uno al que llaman Seisdedos, que aglutina la resistencia, “p’alante”, y se encierra en su casa con toda su familia.

La Guardia de Asalto no pierde el tiempo. Van casa por casa, sacan a los hombres y los fusilan en los patios. Va trayendo los muertos a la puerta de Seisdedos, que dispara sus perdigones por los huecos de la ventana. Un batallón forma ante su choza: atrona una metralleta, llueven granadas. Y finalmente, hartos de aquel asedio desigual, los garantes de la República prenden fuego a la casa de Seisdedos. Toda la familia muere calcinada.

Estos hechos brutales ocurrieron de verdad, nadie los ha inventado. Se creó una Comisión de Investigación en el Congreso y el Gobierno de Manuel Azaña perdió toda su legitimidad. Pero no hay ninguna imagen del crimen de Casas Viejas, ni una sola fotografía, ni una sola toma. ¿Cómo hace el documentalista para enfrentarse a este problema?

La solución, genial solución, la tiene Basilio Martín Patino: Inventa. En su documental aparece un periodista británico, ya anciano, que comenta en primera persona sus experiencias en Casas Viejas. Él se encontraba en el pueblo y pudo filmar parte de aquel desastre desde su habitación en la posada. El mismo día, tres documentalistas rusos enviados por Stalin se encuentran en Casas Viejas y filman con maestría expresionista la represión militar. Por retratar la utopía trágica, los tres acabarán sus días en un gulag siberiano.

Pues bien, ni el periodista británico ni los documentalistas rusos existen, jamás existieron. Martín Patino les da vida para servirse de sus hipotéticas imágenes, una recreación verosímil, en blanco y negro, sin sonido, de un poder sugestivo y justiciero que derriba en el espectador cualquier reparo formal, cualquier duda mojigata. Sólo la confrontación de ambos documentos incita a la sospecha.

“Casas Viejas” es un documento necesario, imprescindible, y también inexistente. Y ahí está el debate: ¿es legítimo ficcionar un suceso histórico y presentarlo bajo la etiqueta de real? En ningún momento se advierte de la trampa y el espectador desprevenido llega al final del metraje sin conocer la verdadera naturaleza de las imágenes. ¿Cuántas historias, cuántas escenas trágicas se han perdido por la ausencia de un testigo?

La barbarie de Casas Viejas estuvo en ese limbo y desde 1996 ha vuelto al imaginario colectivo. ¿Cuál es su verdadero destino?

P.D: Podéis ver el documental en la siguiente dirección: http://video.google.es/videoplay?docid=-8784581758559906763

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