De líderes a imitar

Una encuesta de la Universidad de Maryland afirma que Hassan Nasrallah es el líder más admirado en el mundo árabe. Vale, ¿pero por qué? La Universidad de Maryland no añade explicaciones y pasa a otros resultados de impacto, como que sólo el 6% de los árabes cree que Estados Unidos arreglará el estropicio iraquí y que el 80% de los mismos tiene una imagen desfavorable de Estados Unidos. ¿Pero quién es Nasrallah?

No voy a intentar en este blog responder a ninguna de las dos preguntas que ya he formulado. Me conformo con ofrecer un par de datos. Por un lado Nasrallah es un tipo de 48 años, barbicano, fundamentalista chií, antisemita, líder de Hizbullah, dueño de una horrible colección de gafas y padre de un mártir de la revolución. Por el otro es un estratega lúcido, no es un suicida ni mucho menos, tampoco se le asocia con casos de corrupción, se preocupa de su pueblo y no agacha la cabeza ante Israel.

Es, por tanto, un tipo contradictorio al que le gusta alzar el dedo índice en señal de amenaza. Sin ser árabe, ya apetece admirar a semejante líder, un tío que en lugar de másters ha estudiado en las escuelas coránicas más respetadas del circuito chií, sobre todo en Irán, donde fue alumno de Khomeini y del padre de Muktada al-Sadr. Dando por sentada la inutilidad de cualquier estudio teológico, se le presupone a Nasrallah una larga experiencia meditativa.

Así que en tantos años de formación el líder más admirado del mundo árabe tiene que haber aprendido algo. Por lo menos a navegar en las turbulentas aguas diplomáticas. Hizbullah no es reconocido como organización terrorista por la Unión Europea y a pesar de sus vicios religiosos siempre ha sabido presentarse como una fuerza más nacionalista que sectárea. Punto para Nasrallah. Es como Hamas, pero sin suicidas ni encapuchados.

Pero Hizbullah tiene más cosas buenas. Es también un partido político, el Partido de Dios para ser más concretos, y debido a la incapacidad de los diferentes gobiernos libaneses se ha visto forzado a sustituir al Estado en la vida diaria. De Hizbullah dependen las siguientes redes asistenciales: al-Yarih (dedicada a los heridos), al-Ambad (para las personas dependientes), Yihad al-bina (restauración de viviendas, electrificación), al-Mahdi (escuelas) y al-Manar (poderoso canal televisivo)

Así que si eres chií en Líbano tienes dos particularidades: perteneces a la comunidad más pobre del Mediterráneo y además puedes acogerte a los servicios de Hizbullah, red social, partido político y brazo armado que en 2006 libró su última guerra con Israel, una guerra extraña que a ojos del encuestado árabe ganó Hizbullah. Y si eres árabe, musulmán, pobre e inculto, no importa si chií o no, tienes un modelo del que sentirte orgulloso y al que querer imitar.

Sin pretensiones, ya sabemos quién es Nasrallah. Y si ahora comparásemos su perfil con el del resto de líderes árabes, no haría falta escribir más para saber por qué él es el más admirado entre los 4.000 entrevistados de Arabia Saudí, Egipto, Marruecos, Jordania, Líbano y Emiratos Árabes. Según la universidad de Maryland, claro.

P.D: La siguiente noticia del diario Haaretz tenía el siguiente titular: “Netanyahu afirma que los ataques terroristas del 9/11 beneficiaron a Israel”. Cualquier día se nos caen a todos las caretas…

2 Comentarios

  1. E. V-M. el 17 April, 2008

    Entiendo el mensaje, pero no porqué hay que imitar a Nasrallah. Puestos a imitar, imitemos a Groucho Marx.

  2. Pablo el 17 April, 2008

    Bueno,
    pretendía ser irónico…