Josef Koudelka
El Babelia de ayer me dejó al borde del empacho. Mayo del 68 por aquí, mayo del 68 por todos lados. Ramoneda se hincha el pecho con la gran revolución de los intelectuales, de los pequeños burgueses saturados de spleen. Y así sigue el resto de autores página tras página. Justo antes del vómito Antonio Muñoz Molina me ayuda con la digestión: la verdadera revolución del 68 no se dio en París: “Era en Memphis y en Praga donde estaba la revolución, no en París”.
En abril de ese mismo año habían asesinado en la ciudad de Elvis a Martin Luther King. Había viajado hasta allí para apoyar una huelga de los trabajadores municipales de limpieza. En Praga, desde enero y hasta agosto del mismo año, los ciudadanos se empeñaban en construir “un socialismo con rostro humano”. Los tanques soviéticos les sacaron de su error. No, la revolución no ocurría en París.
Un artículo de Ignacio Vidal Folch en el mismo Babelia habla de la primavera de Praga, “una primavera que sobrevivió ocho meses”. Y tres fotografías ilustran la página. Su autor es Josef Koudelka, una leyenda viva de la fotografía.
Koudelka nació en Moravia en 1938. En su juventud combinó la fotografía con su trabajo de ingeniero, pero en 1967 abandona las matemáticas y dedica todo su tiempo al reporterismo gráfico. Sus primeros trabajos reflejan el mundo del teatro y el arte de la puesta en escena. Pero pronto son sus fotografías sobre los gitanos checos los que adquieren relevancia. En las fotos de Koudelka se dibuja el alma de un pueblo sin tierra, de un pueblo extranjero.
En 1970 obtiene un visado de tres meses para proseguir su documentación del pueblo gitano fuera de las fronteras checas. Y tres meses después de cruzar la frontera el hombre que fotografía a extranjeros decide no volver a casa, se convierte en uno de ellos, en un extranjero con la cámara colgada al hombro. Durante 10 años su archivo y su fama se van consolidando y durante 10 años Koudelka no tiene patria, o quizás sí, pero otro tipo de patria. Su hogar en esos diez años es la agencia Magnum, en la que es introducido en 1971 gracias a Elliott Erwitt.
En cierta ocasión un gitano yugoslavo le pregunta: “Señor Koudelka, usted que ha viajado tanto y ha conocido tantos lugares, podría decirme cuál es el mejor lugar, en qué lugar le gustaría morir?” Koudelka no responde y sigue haciendo fotografías. El gitano insiste y Koudelka insiste en su silencio. Finalmente el gitano yugoslavo le dice al fotógrafo apátrida: “Ya comprendo, todavía no ha encontrado ése lugar, usted viaja en busca de ése lugar”. Entonces Koudelka levanta la vista y responde: “Te equivocas amigo, trato desesperadamente de no encontrar ese lugar”.
En 1980 el fotógrafo apátrida, el extranjero errante, recibe la nacionalidad inglesa y un pasaporte. Pero su errancia no ha acabado. A su estudio sobre el universo gitano le sucede un gran proyecto llamado “Exilios”, en el que Koudelka trasciende las estrecheces temáticas y abunda en la reflexión sobre la condición humana.
Recuerdo sus fotografías en blanco y negro, la composición monumental, el paisaje creado por el hombre. Conocí a Koudelka gracias a otro extranjero potencial que también se llama Pablo (parece ser un nombre que se aviene al movimiento) Pablo es fotógrafo y admira a Koudelka. Acaba de llegar de un viaje fascinante en busca de imágenes. La gente le pregunta cuál es el mejor lugar de los que ha conocido. La respuesta de Pablo es nuestra respuesta.
Cuando salgas en el viaje hacia Itaca
desea que el camino sea largo,
pleno de aventuras, pleno de conocimientos.
Constantin Kavafis
P.D: Podéis ver algunas fotos de Koudelka en esta página.


El Mayo del 68 fue, en mi opinión, un calentón de un grupo de pijos parisinos poco agraciados (o aspirantes a ese estatus) que vieron la oportunidad de meterla (o disfrutar dejándose) en un contexto mundial desastroso por el que nunca se preocuparon realmente, más allá de hacer el graffitti brillante del día. Mientras los gurús de la izquierda europea, que también metieron lo suyo aprovechando el ambiente de fiesta de final de curso en Mallorca, producían sus grandes obras para perpetuar a tres cuartos de la Humanidad en regímenes nefastos. Todo ello regado en champagne, citas del Hermano Número Uno y prèt-a-porter.
Lo jodido es que ahora ese rollo ha cambiado -uno podría aducir ingenuidad juvenil-, pero en vez de francesas de escándalo que te la chupan si recitas a Marx, son marimachos con rastas que te regalan un tríptico pro-Venezuela si les pasas el porro.
De exilios. Estando en Bolivia hace unos meses por primera vez sentí cansancio de viajar, ganas de volver a casa.
Justo ahora que mi casa está en un país distinto del que nací, lo que me hace preguntarme cuándo (si es que) tendré ganas de volverme al mío.