Sueños Liberales

Mi primer sueño liberal transcurre en un edificio de California. Se parece mucho al bloque de apartamentos en el que vive Daniel Larusso, recién llegado de Nueva Jersey. Las paredes son blancas y por toda puerta hay una gran ventana corredera. Deben ser las 7 de la tarde, comienza a oscurecer cuando me dispongo a salir de mi apartamento. Y entonces, zas. Un golpe en la cabeza con una llave inglesa. Me retuerzo en el suelo entre un charco de sangre y con las dos manos intento detener la hemorragia. Pero entonces, zas. Dos chicos jóvenes me llevan hasta una silla y me atan de pies y manos. Pasean a mi alrededor. De vez en cuando me sueltan un golpe con la llave inglesa. Duele. Es todo muy desconcertante. Por fin uno de los chicos se detiene y me pregunta:

- Estuviste ayer en el mitin de Pizarro, verdad?

El desconcierto es mayor. No, no, esto es una equivocación, si yo ni siquiera voto al PP. Yo soy de izquierdas y ese señor me da repelús. Un momento… comienzo a comprender. Ayer pasé por la plaza del pueblo y sí que es verdad que estaba el señor Pizarro dando un mítin. Pero no escuché ni una palabra, lo juro, lo siento… Y un golpe detrás de la oreja. Corre la sangre y comienzo a cabrearme. Pero un momento, y si estuve allí, qué? qué pasa si me pone Pizarro y la escenografía gaviotera? Sí, yo estuve en ese mítin y seguiré yendo a la plaza con la corbata azul. Más golpes, duele, sangre, los vecinos miran desde el otro lado de la puerta-ventana corredera y dicen, joer, que tío más guay. Los dos jóvenes se despiden:

- No te atrevas a repetirlo.

Se van y entran los vecinos. Pido un móvil. Voy a denunciar la agresión. Los vecinos me miran con cara de corderos degollables. No, no lo hagas, además tú no eres del PP, por qué te vas a mojar… Me despierto convertido en héroe.

El segundo sueño liberal transcurre en una ikastola. El maestro le dice a los niños:

- Enseñadle a este buen catalán lo buenos patriotas que sois!

Un niño de la primera fila se pone en pie y me suelta un largo discurso sobre la historia vasca. Aprovecho la charla para reflexionar sobre cómo he llegado hasta aquí. ¿Y desde cuándo entiendo el euskera?

Acaba el discurso con una salva de aplausos y enseguida otro niño, cara cuadrada y aro en la oreja, se pone a cortar un árbol como si estuviese poseído por el espíritu de Sabino Arana. Todos aplauden el espectáculo y el buen catalán anima al chaval. El tercer niño duda antes de levantarse. Los demás le miran con recelo. Cuando habla se hace un silencio total:

- Yo… es que también me siento un poco español…

El profesor se lleva la mano a la boca y dice entre los dedos: pero es que estás loco, muchacho? Señala a la puerta, como dando a entender que detrás de ella se encuentra alguien escuchando. Da una señal a un niño del fondo que se sienta a un piano y comienza a tocar Els Segadors. El resto de niños se pone de pie y canta el himno en mi honor. El profesor, mientras tanto, se acerca al niño rebelde y le retuerce la oreja. No lo puedo soportar más. Me levanto y empujo al profesor, que cual personaje de Kafka, se lleva de nuevo las manos a la boca y desaparece debajo de la mesa, muerto de miedo. Pongo una mano sobre el hombro del niño-RosaDíez y le digo: no te preocupes, yo también me siento un poco español. Los niños me miran y susurran: joer, qué tío tan traidor. Me despierto convertido en un villano.

Dos sueños liberales con distinto despertar. Será este maldito calor…

1 Comentario

  1. Sancho el 14 June, 2008

    El otro día, mientras me duchaba, pensé que la limpieza es, probablemente, el mejor invento que el ser humano ha traído al mundo, el agua resbalando por la cabellera limpia y sedosa, el agua caliente y el jabón son dos cosas sencillas que implican procesos complejos, una exquisitez que me sobrecoge y me hace alargar mis, de por sí, interminables visitas al agua vertical.

    En otro orden, pero en la misma ducha, se me ocurrió que dentro de poco tiempo estaré cruzando Irán contigo y Sandra y que habrá bromas y momentos sobrecogedores, nervios, hambre, fotos, una boda, atardeceres, ruinas, camas maravillosas y muchas risas.

    Fue la ducha perfecta.