Espero que ese humilde espacio sirva para mi descargo.
Ayer era un muy buen día. Sol, asado en el campo, aprobación general a mi primer tiramisú casero y hasta un pequeño galope montado a pelo en Malena, la yegua de la parcela. De todos modos lo mejor es que ampliaba mi espectro editorial al publicar por primera vez en el diario dominical “El Espectador”, de Bogotá. Todo iba bien hasta que por la noche leí lo que publicaron. No me parafrasearon, no me recortaron: cambiaron completamente lo que yo escribí. Si nos les gustaba, perfecto, no se publica y ya está. Pero cuando lo conversamos me dijeron que estaba bien y ahora salió un engendro amarillista firmado por mí. Además, no sólo cambiaron el contenido sino que cercenaron mi pluma. El estilo de nota analítica con mirada propia que he cultivado durante el último año cuando escribo para El Siglo (Madrid) fue transformado en una sosa nota periodística del tipo Redacción I.
Si tienen algo de tiempo, lean, comparen y saquen sus propias conclusiones. En el diario me pidieron una nota informativa con lo que pasaba, pero que llevara algo sobre el estilo autoritario de Cristina Fernández (que llevara algo como “Estilo K” en el título). Por teléfono les expliqué lo que sucedía y que era muy importante tener en cuenta que las protestas no eran de gente decepcionada con el gobierno, sino que de personas que no habían votado por Cristina y que ella estaba haciendo justamente las cosas para las cuáles fue elegida. La editora se sorprendió porque no manejaba esa información, pero le gustó mi enfoque y me pidió que mandara la nota. Esto es lo que yo escribí:
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La primera gran movilización contra Cristina Fernández de Kirchner
Protesta agraria jaquea al “estilo K” en Argentina
El aumento de los impuestos a las exportaciones agrícolas desató movilizaciones de los productores del campo argentino. Los cortes de ruta provocaron el inicio de un desabastecimiento en Buenos Aires y éste devino en la protesta urbana de las clases medias. La respuesta de la Presidenta, carente de sutilezas, sólo echó más leña al fuego y el sonido de las cacerolas trajo a la memoria de los porteños los aciagos días de fines de 2001. Su invitación al diálogo el jueves pasado apunta a desentrañar un conflicto que ya cumple 18 días.
Después de que en diciembre de 2001el ex Presidente Fernando de la Rúa abandonara la Casa Rosada en helicóptero para ya no volver, los sucesos se precipitaron en Argentina. Cinco Presidentes en una semana, una devaluación del 300% durante el gobierno de transición de Eduardo Duhalde y una sorprendente recuperación económica y social bajo el mandato de Néstor Kirchner entre 2003 y 2007 que devolvió la sonrisa a millones de argentinos que vivieron el derrumbe. Justamente esa recuperación fue la que allanó el camino para que Cristina Fernández se convirtiera en la primera presidenta electa de este país y ahora, a poco más de tres meses de asumir, es la causante de una protesta que su esposo nunca conoció.
Esta semana se repitió la postal de una Plaza de Mayo con cacerolas y Cristina, que si bien acostumbra usar el helicóptero para ir desde la casa de gobierno a la residencia presidencial de Olivos, el martes salió en auto. El contexto era completamente distinto, pero el sonido era el mismo y no había que repetir la imagen de 2001.
Con una popularidad superior al 50% y una oposición dispersa que aseguraba la reelección, inesperadamente Néstor Kirchner dijo adiós para promover a su esposa, senadora por la Provincia de Buenos Aires, como continuadora del proyecto de centro izquierda en que ambos vienen trabajando desde hace más de veinte años. Y Cristina tomó fuerte las riendas. A comienzos de marzo el ministro de Economía Martín Lousteau anunció el aumento de las retenciones a las exportaciones de soya y desde poco el 36% a un 45%. Las retenciones funcionan como impuestos tan altos que en la práctica obligan a los productores a dejar parte importante de las cosechas dentro del país a precios inferiores a los internacionales. No dejan de ganar pero podrían ganar mucho más, y el anuncio detonó que el pasado 12 de marzo decretaran un lock out que tiene frenada la producción.
Lo prometido es deuda
Pero la Presidenta sólo está cumpliendo con las promesas de una campaña que le dio el 44,9% de los votos en octubre pasado, a más de 20 puntos de distancia de su más cercana rival. La continuación del crecimiento económico que se registró en los primeros cuatro “años K” (nunca inferior al 8,5% anual) y fomentar la redistribución de esta riqueza con gran cuidado por el superávit fiscal son sus pilares fundamentales, y en este esquema las retenciones juegan un papel clave. Al ser un impuesto móvil que depende de la cotización de la soya en el mercado internacional, los ingresos por esta vía son subestimados en la elaboración del presupuesto nacional, lo que en la práctica transforma su recaudación en la caja chica del gobierno. Con esto se financian con holgura subvenciones a la energía, la producción láctea y el transporte público, cuyos precios estarían por las nubes si los consumidores tuvieran que pagar precios de mercado (por ejemplo, el precio del gas casero es alrededor de un quinto de lo que se paga en el vecino Chile).
Los cortes de caminos llevados a cabo por los productores han provocado que durante esta semana en Buenos Aires comience el desabastecimiento. Las góndolas de muchos supermercados se vaciaron de carnes y lácteos, provocando la reacción de las clases medias y medias altas que desde el martes salen a la calle a golpear su teflón. Porque la protesta en contra el gobierno es de la gente que no lo votó. Ya en junio del año pasado el presidente de Boca Juniors, el millonario Mauricio Macri, había derrotado al ministro de Educación y candidato de los Kirchner en las elecciones de Capital Federal con más del 60% de los votos, tendencia que fue refrendada en las presidenciales de octubre: la mayor oposición al gobierno nacional está acá, en el cuartel general. Quienes salieron a las calles y fueron vistos por el mundo en televisión no es gente decepcionada con Cristina Fernández, es gente que no quería a Cristina Fernández desde un principio. Por eso la necesidad de la Presidenta de contramanifestarse el jueves con un discurso un poco más conciliador que el del martes, cuando en un principio llamó a las protestas “piquetes de la abundancia”.
Autoridad K
Y es que este es tal vez el punto más flaco de la actual Presidenta. Los modos de su esposo siempre fueron muy autoritarios y durante su gobierno jamás invitó a nadie al diálogo. Eso se esperaba que cambiara con ella. El día del triunfo electoral se llamó a sí misma “Presidenta de todos los argentinos” -algo que Néstor nunca dijo- y pidió a todos los sectores trabajar unidos en una agenda social nacional. Pero el martes, cuando por primera vez se vio realmente apretada, reaccionó con la sutileza de una retroexcavadora. Acusó de hipocresía a las entidades del campo por desabastecer a la ciudad cuando ellos no han dejado de sacar del país su cosecha: “entre el 13 y el 23 de marzo han salido exportaciones por 402 millones de dólares”, denunció. Y terminó de cerrar la puerta a anunciar que utilizaría todos los instrumentos que la ley le otorga para despejar los caminos. Su afirmación de autoridad no gustó en las clases medias y medias altas urbanas, ya reticentes a su gobierno, que se volcaron en los barrios pudientes de la ciudad en “apoyo al campo”.
Sin embargo la protesta tuvo algo de efecto, al menos en el tono. Aunque en su discurso del jueves la Presidenta no varió un ápice sus fundamentos y enfoque de la situación resaltando que en campaña “lo que siempre dije es que venía a continuar el modelo de transformación” iniciado por Néstor Kirchner, de todos modos se mostró dispuesta al diálogo. “Las puertas de la Casa Rosada están abiertas, pero humildemente les pido que para dialogar en serio levanten el paro. Hablemos con transparencia y nos vamos a entender”, dijo.
Aunque “humilde” o soberbia, su posición se mantiene intacta.
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Ahora, esto es lo que publicaron:
http://www.elespectador.com/impreso/cuadernilloa/internacional/articuloimpreso-el-estilo-k
Yo suelo despotricar contra el periodismo y generalmente me desentiendo de los discursos mesiánicos o éticos del oficio. No me siento muy “parte del gremio”, pero lo que publicaron no es sólo algo que no está pasando en realidad sino que algo que yo ni siquiera escribí, y aparecí firmando. Los diarios y revistas ganan en prestigio cuando tienen al redactor escribiendo “desde el lugar de los hechos”, porque denota (y connota) una preocupación especial por el hecho a relatar. Pero situaciones como éstas son las que afectan la credibilidad de quienes nos dedicamos a esto. No creo que tenga la verdad de lo que sucede en este caso en particular porque estoy conciente de que el género periodístico es justamente el relato de una persona sobre lo que sucede. Claro que tengo mi punto de vista y en este caso si tuviera que elegir, porque sobre todo en este tema nada es blanco o negro, sino gris, estaría de acuerdo con el gobierno. Pero doblar tanto una historia para “denunciar” un estilo cuando ese no es el eje central, lo veo un poco retorcido.
Nada. Estoy molesto y quería compartirlo. Eso es todo.