Shirin Ebadi, primera jueza en la historia de Irán -cesada con la Revolución Islámica- y Nobel de la Paz de 2003, lo está pasando mal en estos últimos tiempos. Detenciones de sus colaboradores, registros en casa y oficinas, cierre de su organización Centro de Defensa de los Derechos Humanos.
La dictadura iraní utiliza otros métodos más retorcidos, como acusar a una de sus hijas -a través de la agencia estatal de noticias IRNA- de haberse convertido a la fe bahaí, una rama del islam considerada herética. Matar a un apóstata no está penado en Irán.
Esta es la carta abierta que han escrito Chomsky y compañía.
